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Memoriações
 

Los medios de transporte eran unas bolas que se hacían con la cáscara roja de unos árboles gigantes que alcanzaban una altura de más de doscientos cuadros, que era una medida muy usada. La expresión “kuno de la peste fría” se refiere específicamente a ese tiempo que transcurrió entre muerte, buenas nuevas y frío inclemente. Las bolas de madera de árbol se desplazaban por túneles cavados en la tierra, a no mucha profundidad y eran impulsadas por un humo que cada grupo producía con los residuos de su alimentación y de las chimeneas, donde hacían fuego para calentarse.

 



Escrito por Memo às 12h41
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Sin embargo, después de la batalla de la peste, hubo unos kunos en que se sintió el invierno. Vientos fríos soplaban desde el norte trayendo sabor salado de mar, porque, se sabía también aunque nadie lo conocía, que en la muralla norte, si se seguía unas rutas medio ocultas entre las piedras gigantes, se llegaba al mar. Además del sabor salado el viento era húmedo y al chocar con el aire tibio de Cercópea se transformaba en nieve que caía como penachos de pájaros y se asentaba dulcemente sobre la tierra. Los cuatro caminos que se abrían desde la muralla, se cerraron en aquel invierno y nadie pudo aventurarse ni por diversión ni por deber, ni al norte ni al sur ni al este ni al oeste.



Escrito por Memo às 12h41
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En general todos hacían de cuenta que vivían en el Paraíso y que el Paraíso no tenía fin. Todos sabían, de una o de otra forma, que un día habría un calentamiento violento de la tierra y que la civilización sería entonces exterminada. Algunas voces decía que había que pensar también en el frío, porque tal vez existiera un enfriamiento, del que no se tenía memoria, que podría ejercer el mismo efecto de final. Pero, en general, todos temían, aunque no hablaran de ello, al efecto calor. Pasaban siglos sin que Cercópea conociera ni el verano ni el invierno, como se sabe, el clima era paradisíaco.



Escrito por Memo às 12h40
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5

 

Aquella batalla quedó conocida como la disputa de la peste y trajo consigo un aumento del frío que dejó a todos lo cércopes muy afligidos.



Escrito por Memo às 12h40
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_ Sí, pero el olor se fue después de la batalla. Con los festejos, los baños y los caballos y perros pasando una temporada de tranquilidad y buenaventura, los olores se disiparon.



Escrito por Memo às 12h40
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_ Mataron a su propio pueblo.

_ No sé si era su propio pueblo. Tal vez se aparecieron en el valle de la peste y vivieron un tiempo con ellos hasta que se cansaron y mataron a todos y siguieron su camino.

_ Como si fueran los guerreros de la muerte. Por donde van dejan tanta matanza que los persigue un olor nauseabundo.



Escrito por Memo às 12h40
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_ Ellos pueden haber sido un ejército de psicópatas que acabaron matando tanta gente que no tuvo vuelta.



Escrito por Memo às 12h39
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_ ¿Los caballeros no quieren recordar su pasado o no pueden hacerlo?

_ No se sabe.

_ A lo mejor el cuento ese de la peste es eso, un cuento.

_ ¿Cómo un cuento?



Escrito por Memo às 12h39
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Y la historia de la peste fue olvidada por todos, sin esfuerzos.



Escrito por Memo às 12h38
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Conocedores de esa historia, no fue raro asociar la peste con la aparición tan propicia de un ejército que se juntase a las menguadas fuerzas de la reina Nemesia, que parecía ya vencida. También el amor entre los dos líderes, bellos y jóvenes, no fue sorpresa para nadie.



Escrito por Memo às 12h38
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Físicamente, decían, no había mucha diferencia entre los abismales y los cércopes, por eso se entendían bien y se sabía que algunos exiliados se habían mezclado con los naturales de la región y entre ellos vivieron, contando siempre sus historias mezcladas con las tradiciones del lugar. Tan insidiosa y leve era esa mezcla que sólo era notada a un ojo que buscase justamente eso. Como el mío.



Escrito por Memo às 12h38
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Se había sabido sobre un lugar muy distante de Cercópea, atrás de la muralla sur donde se podía divisar a lo lejos – y algunos caballeros con banderas habían realizado excursiones de exploración – un barranco que daba a un abismo cuyo fondo no se vía, entre la bruma negra que le servía de piso. De allí, en un determinado tiempo, había comenzado a salir un olor tan asqueroso que se habló mucho de una peste que asoló a su población. Decían que ese pueblo tenía un dios, que los cércopes no entendían qué sería eso, y que como los habitantes se habían vuelto contra ese dios, lo habían blasfemado y ofendido, les había sido enviado como castigo una peste los mató a todos.



Escrito por Memo às 12h38
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Eso pasó en la Segunda Era. Pero había un recuerdo. Historias que se contaban. Igiort Bionetston se casó con Nemesia y vivieron una historia de amor apasionado. Nemesia tenía ya tres hijos cuando se conocieron, hijos generados por pura explosión del aire fértil. Así como ella no tuvo padre ni madre también sus hijos fueron apareciendo en situaciones de intensa dramaticidad. Cada uno de ellos había aparecido al final de cada una de las tres batallas perdidas contra Morgan. Algunos creían que eran niños que habían quedado huérfanos por la guerra, después de tanta matanza y que alguna alma caritativa le hacía llegar a la reina los niños como generados por el aire fértil porque ella era una fuente de bondad y además porque así había sido su propia historia de vida. Ella entendería, sin dudas.



Escrito por Memo às 12h37
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_ Pero el olor era nauseabundo.

_ Es verdad. Todos lo notaron. La tendencia de cércopes y de animales era hacerse para atrás, poner distancia.

_ Por eso siempre pensé que volvían del mundo de los muertos.

_ Eran muertos vivos.

_ Fantasmas.

_ Fantasmas son muertos vivos.

_ No, fantasmas son el alma, lo que sobró de los muertos y que todavía no encontró su lugar en el walala.

_ Nunca supe que fantasmas tuvieran ese olor. Pero tengo que decir que nunca vi un fantasma o algo que se presentara como fantasma.

_ Se vieron muchos entonces, un ejército entero.



Escrito por Memo às 12h37
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_ Vienen huyendo de la peste.

_ Se les notaba en el olor inmundo de las ropas.

_ Era ropa fantástica, nunca vista, bordada de materiales preciosos, desconocidos.



Escrito por Memo às 12h37
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